viernes, 11 de diciembre de 2009

Cintura pa'l baile

Confirmamos que el ser simpáticas o agradables en ciertas ocasiones puede ser un error…pero ¿Es necesario tener que poner cara de orto ante determinadas situaciones como único modo de escape ante tanta gilada?

El otro día fuimos con Andre a una clase de milonga, aprovechando que a las dos nos gusta muchísimo bailar, que encontramos en esto el cable a tierra y la manera de desprendernos de la rutina que nos agobia.

Pero nos encontramos con un par de piedras en el camino, léase, con un gil.

Es justo y necesario (parafraseando una parte de esas misas a las que alguna vez fui) agradecer la buena acción del otro, la buena voluntad o el lindo gesto, pero cuando viene ligado de interés, es justo?, es necesario?. Creemos fehacientemente que no.

Esa noche Andre no tenía entrada para la clase, así que un buen hombre le dio una de las que tenía él para que ella pudiera entrar, pero más que una entrada a una simple clase fue un pasaje a la idiotez, teniendo que soportar a este hombre que se sintió avalado para proceder con insistencia y hasta cierta falta de respeto queriendo lograr vaya uno a saber qué.

La hostigó toda la noche, la llenó de esos halagos que además de empalagar producen un contra-acercamiento, o lo que se dice vulgarmente, un alejamiento instantáneo porque uno no entiende qué es lo que le están queriendo decir y en el mejor de los casos cuando entiende, prefiere no haber entendido.

A mí sólo me bastó un comentario que me hizo este hombre sobre mi amiga, para entender el por qué de la cara de ella:

-“Esta muñequita tiene cintura pa’l baile jeje, es una hermosura tu amiga” (agreguémosle a esto la carita de libidinoso)

Mi amiga baila genial, eso ya lo sabía desde antes de esta confesión, y de lo que no me queda duda es de la cintura que tiene, pero para zafar de estas situaciones en las que uno debería poner cara de orto, darse media vuelta y mandarse a mudar.

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