Había una vez una nena casi tan pequeñita como inalcanzable para algunos, casi tan fuerte como débil, con la misma proporción de felicidad y de tristeza.
Había además un mundo, pero que existía sólo en su cabeza y en sus deseos; un mundo en donde no había que plantearse las cosas antes de hacerlas, donde no había que aparentar cordura ni alimentar el cuerpo; un lugar que sólo ella podía habitar y que celosamente cuidaba.
Pero hubo un día en el que se dio cuenta de que ese mundo iba cambiando, iba mutando, iba dejando de existir y ya no le era tan fácil la espontaneidad en la vida.
Se encontró con caras tristes que prefería no ver y con sentimientos de insatisfacción constantes, propios y ajenos; se encontró con ella misma frente al espejo, y a diferencia de la bruja mala de blancanieves, no le gusto lo que vio.
Ante esto eligió cambiarse el color de pelo, por ahí el rubio le sentaría mejor, y hasta decidió dejarse los rulos, para ver si así recuperaba parte de la locura que le gustaba tener; pero no…la insatisfacción seguía persiguiéndola.
Entonces busco cambiar el cuerpo, ponerse cintas de colores en los vestidos y cortarse las faldas, pero tampoco resultó, porque con esto sólo lograba reconocerse aún menos.
Fue entonces cuando se le ocurrió el remedio: volver a la fuente; quedarse desnuda, pero mas allá de la ausencia de ropa, desnuda de prejuicios, de premeditaciones, de estrategias, completamente desnuda frente al mundo, a ese mundo que ya no le era familiar pero en el que quería aprender a vivir. Puede que quedarse desnuda significara quedar expuesta, pero prefirió correr el riesgo de tener que enfrentarse a cosas a las que le temía, pero con la esperanza de encontrar en el camino la solución.
Había una vez una nena, casi casi como yo.
Así, desnuda, expuesta, al descubierto, con ganas de enfrentarme a eso que por años me dio tanto miedo, con ganas de salir de ese mundo inventado para intentar no sufrir.
Así estoy yo, aprendiendo a mirarme con amor, sin tener que buscar complementos extras para que me guste lo que veo.
Así me encuentro, como sentada en posición de indio en medio de la nada o en medio de todo, esperando el impacto, esperando lo mejor.
martes, 9 de marzo de 2010
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